Estelas en la mar

Seguimos en Puerto Escondido, es difícil irse de aquí con todo lo que ofrece…

Hoy es día de pesca, a las 5:30 de la mañana arriba. El sueño pesa, pero es hora de levantarse la ocasión merece la pena. A las 6 pasa a recogernos Raymundo, nos lleva  a Puerto Angelito. Vamos en la ranchera: Vincent(un chico francés), Toni(Australiano), Carlos y yo. Paulatinamente el día le gana la partida a la noche, el aire de la mañana fresco y limpio se encarga de despertarnos.

En Puerto Angelito nos espera Rey el patrón… Zarpamos, nuestra pequeña embarcación tiene unos 5 m de eslora y está preparada para la pesca con caña, con cebo puede llevar hasta 8.

Las primeras millas desde el puerto…bordeamos la famosa Ola de Zicatela, nuestro rumbo… mar adentro. Al este tras las calles de Zicatela vemos enrojecer el cielo, la luz se intensifica por momentos. Ante nuestra mirada se alza majestuoso, poderoso, como ha hecho durante tantos amaneceres, tantos años, milenios… Una vez más la luz se impone a las tinieblas, se alza una nueva vida, un nuevo día  lleno de ilusión y esperanza.

Nos deslizamos paralelos a playa Zicatela, la Punta, viramos y ahora vamos al gran océano, al majestuoso e inmenso Pacífico. Poco tiempo pasa y empieza el movimiento, dos de las cañas reclaman nuestra atención; Vincent y yo nos encargamos de ellas. Jugar con el carrete: soltarle, recoger, cansarlo no nos cuesta gran trabajo y con una sonrisa recibimos un par de atunes en la barca, son pequeños unos 3 kg. Parece que podremos probar la carne del mar.

Seguimos nuestro rumbo millas, espuma tras nosotros. Barremos las aguas con la mirada buscando cualquier signo que nos indique la presencia de un banco de peces: madera y algas flotando, bandadas de aves marinas… gracias a esto descubrimos unas pequeñas luces azules y fosforescentes, intrigados preguntamos a Rey..es Plancton. Plancton, las pequeñas criaturas que se encargan de alimentar a los animales más grandes del mundo, las ballenas. Realmente bello.

Sigue la mañana Carlos y Toni obtienen su recompensa, 2 pescados más para deleitarnos.

Ese atunsito que se viene pal barco...

 

Buen trofeo

 

Rey coge el primer atún y con la destreza que da la experiencia, retira la mejor parte del jamón de mar. El solomillo, salsa de soja y naranja… macerar unos minutos y saboreamos un sushi muy mexicano. Más fresco imposible.

El Océano Pacífico se abre inmenso ante nosotros, una grandeza que encoge el corazón de cualquier hombre al comprobar lo insignificantes que somos ante la madre naturaleza.

Pero sin duda el mejor momento es ver llegar a los delfines; rápidos, inteligentes, acróbatas del agua, niños jugando con el barco. Innumerables, incluso madres con crías se acercan a saludarnos. Me pregunto si existe un aninal más simpático, entrañable…más vital.

Como cometas en el aire las tortugas marinas pasean sobre el cielo oceánico, buscando algas, medusas, cualquier cosa que llevarse a la boca.

Exhalaciones de potencia, fugaces peces voladores, curiosa forma de vida.

Al final de la mañana y ya de camino de vuelta a la costa, la caña empezó  a moverse… tirar, soltar, recoger… había picado. La caña en la mano y en el otro extremo, luchando por sobrevivir un gran Mai- Mai, enorme unos 20 kg dijo Rey… Estoy emocionado, pero al final se impone en la lucha por la vida. Es libre y nosotros ya tenemos bastante pescado para unos días.

Lucha con el Mai Mai

Vuelta al campanento, nuestro hostel Buena Onda, volvemos alegres, satisfechos… sabiendo que hoy comeremos de lo que hemos capturado con nuestras manos.

Elegimos el atún más grande, el que pescó Toni, troceamos,

Eligiendo el mejor bocado...

a la sartén regado con aceite de oliva, vuelta y vuelta…

Su buen cocinillas

 

 

Atún a la granaína

En lo que llevamos de vida no habíamos probado una carne de atún más fresca, más tierna, más sabrosa. Simplemente se deshace al paladearla y el toque que le da Carlos con su salsa de ajo y aceite no hace más que intensificar esa sensación.

Comida de señores

La vida en el Buena Onda pasa tranquila, sin presión, sin prisas. Durante el día nos preguntamos a veces qué hora es, incluso qué día es; pero la verdad es que lo bueno es que deja de importar, vivir sin saberlo es liberarse de las ataduras del tiempo. Es moverse con los ciclos del día y la noche, el hambre y el sueño.

Una de las noches que llegamos a nuestra cabaña, al abrir la puerta salió una pequeña ragondan (rata), que me pasó apurando casi por el pie. Miramos la comida y parecía no haber tocado nada… Para evitar nuevas incursiones cerramos la ventana.

Y todo en la vida pasa por algo, esta ratilla hizo que cerráramos la ventana y por lo tanto evitamos daños mayores, porque esa noche mismo dos cabañas más abajo robaron a una pareja  entrando por la ventana. Gracias Ragondán.

Al día siguiente dábamos buena cuenta del desayuno: pan Bimbo con mantequilla y mermelada, hasta que nos dimos cuenta de unas curiosas formas en el pan…había un agujero en cada rebanada del mismo tamaño… relacionamos todo y entre risas descubrimos que nuestra pequeña amiga no se había ido de vacío. ¿Preocupaos por haber compartido el pan con ella? La verdad es que no…jajaajaj. Los siguientes trozos sí les quitamos lo que había tocado ella y seguimos con nuestra comida matutina.

La playa de Puerto Escondido es larga y salvaje,

A pie de playa

unos 3 km de arena donde ondean alegres y eternas banderas rojas, avisando al visitante de la peligrosidad de sus corrientes, de la fuerza de la mar.

Otro de los atractivos de esta playa es alquilar un caballo y pasearse de punta a punta. Jugando con el paso, el trote y el galope. La sensación de galopar en la arena, con el atardecer de fondo, es una sensación de libertad absoluta, la vuelta a la naturaleza. La comunión de hombre y caballo corriendo juntos hacia un horizonte eterno.

Caballos y arena

Puerto Escondido es surf y es conocido mundialmente por su Playa de Zicatela, prueba mundial de surf. Meca de surfistas y bodyboarders expertos y locos. Es una ola muy potente, rápida y que en ciertas épocas del año alcanza los 10 m. Además en la misma playa hacia el sur, está la Punta, zona surfera para nivel intermedio.

Solo y salvaje...

Esta ola es un breakpoint,es decir, se origina a partir de las rocas; es una ola de izquierdas. Incluso aquí la naturaleza muestra su riqueza, bandadas de pelícanos comparten sus aguas con los surfistas, cayendo cual lanzas, abriendo brechas en las ricas aguas. Un desatino para los peces.

Esperar la ola en la Punta te permite además  ver los alegres saltos de las raya-mantas, queriendo imitar a una joven ave intentando remontar el vuelo por primera vez.

La noche en Puerto Escondido es alegría,

Party Buena Onda!!

innumerables locales a descubrir de todo tipo y condición.

El Congo, local de salsa con música en directo; el Fly sitio de guiris donde el DJ le quedaban cursos por hacer… la primera vez que llegamos, la música, la gente… tuvimos que entrar al grito: ! menos cuerpear y todo el mundo a bailar!

A este sitio acabamos cogiéndole el gusto y allí haríamos el cierre a Puerto Escondido, con nuestros amigos neozelandeses y australianos, grandes criaturas. Uno de ellos apareció en el garito trepando por el muro…para qué contar más…

Siguiendo la costa hacia el norte, a unas 2 horas de camino, se sitúa Chacagua; un agradable poblado de pescadores enclavado entre el oceáno y una zona de manglar.

Puerto a Chacagua

Paseos por el manglar para visitar su fauna: cocodrilos, aves acuáticas, torutgas. Una cocina fresca y rica, buen pescado

Pescao fresco

el cual degustamos a 5 m de la orilla del mar, más a pie de playa no se podía estar. Aquí además se puede saborear el pulpo y la langosta a unos precios muy razonables. Suerte no tuvimos porque esa mañana las barcas no pudieron salir a faenar debido a la mala mar.

Nos encontramos a nuestros amigos australiana y neozelandeses...

Una comunidad de origen africano son los pobladores de este encantador lugar.

Niños del poblado

La trata de esclavos los hizo llegar a este paraíso y aquí se establecieron guardando su identidad hasta nuestros días.

Atardecer en Chacagua

 

Barca

 

Gracias Puerto Escondido por darnos la oportunidad de descubrir tu paraíso, tu encanto, por hacer de la paz y el bienestar los dueños de nuestros días.

Gran familia

Raúl

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2 responses to “Estelas en la mar

  • Dani Salas

    Jajaja, grande la receta del Atún a la Granaína!!! Qué buenos manjares y vaya festivales os pegáis. Espero que sigáis disfrutando de ese recóndito puerto, a la espera de un próximo relato… Un abrazo fuerte wey*

  • Aritz

    Dios mio estoy poniendo el teclado como un cristo de babear encima de el! A seguir disfrutando!!!

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