Lacanja. Ruinas en la jungla

El dia se levanto nublado, con viento y amenazando lluvia. Las inclemencias climatologicas no iban a cambiar nuestros planes de continuar la aproximacion a la frontera con Guatemala.

Desde Palenque hacia nuestro destino ya no circulan autobuses grandes, asi que tomamos la clasica camioneta o multivan. En un principio eramos mas o menos 15. Maite, Raul y yo estabamos en la ultima fila de asientos. Junto y encima nuestra, todas nuestras maletas. No tenieamos espacio ni para mover los pies.

El cielo no tardo en descargar su furia en forma de lluvia. A medida que avanzabamos seguia subiendo gente a la furgoneta hasta alcanzar la cifra de 24 personas. Aunque la carretera va bordeando la sierra Lacandona, discurre por un valle, por lo que no hay muchas curvas. El problema aparece cuando atravesamos los charcos, que unido al exceso de velocidad y a la ausencia de dibujo en los neumaticos provoca algun que otro “aquaplanig“. Acto seguido el chofer se lleva una bronca general de todos los ahi presentes y reduce la velocidad.

Por suerte la lluvia remite, y podemos ir mas tranquilos y disfrutando de un hermoso paisaje. Dos horas y media de un viaje cargado de risas, sustos, gente y mas gente, nos deja ya de noche,  en un crucero (cruce} en medio de la nada, donde tuvimos que, ademas de pagar,  convencer a un señor muy borde para que nos llevase al poblado de Lacanja, situado a 4 kilometros del punto en que nos encontrabamos.

Nos dejo en otra interseccion en medio de la oscuridad donde lo unico que acertabamos a ver era un cartel de “el Tucan Verde”, campamento al que queriamos llegar, que indicaba su presencia a 500 metros. Nunca medio kilometro se nos habia hecho tan largo. Iluminando el camino con nuestras linternas, se podia ver el brillo de las numerosas arañas. Chispeaba, la ruta sin asfaltar era de gravilla y piedra, e ibamos cargados como burros. La luz blanca apenas nos ensenyaba donde poner nuestros siguientes pasos. No se veia ninguna casa, ninguna luz que delatara la presencia de poblacion alguna en ese recondito lugar.

La indicacion de 500 metros resulto ser algo enganyosa, por lo menos a nosotros se nos hizo eterna. Finalmente llegamos al “Tucan Verde”, campamento aparentemente abandonado en el que solo una bombilla iluminaba una cabaña que parecia servir de cocina o pequeño refugio. No habia nadie y desde luego ese no era un lugar donde poder dormir si alguien nos hubiera recibido.

Continuamos la marcha buscando mas luces y conseguimos llegar al campamento “los Jaguares”. Una señora indigena, junto con su familia, regenta este lugar y nos ofrece unas cabanyas donde dormir. Parece por la forma en que nos miran, que hace mucho tiempo que no tienen huespedes. Obviamente estabamos solos. Todos tenian un comportameinto algo extranyo. Nos costaba comunicarnos con ellos porque no hablaban bien español.

Los lacandones tienen unas facciones muy caracteristicas<piel morena, cara ancha, pomulos prominentes, ojos grandes y rasgados. Por lo general visten una tunica blanca y llama mucho la atencion verlos.

Pasamos nuestra primera noche ahi, en una cama que no solo no se hundia, sino que formaba un pequeño arco hacia arriba y que te hacia dormir casi en la posicion de “pinopuente”.

Con la llegada del dia el sol nos ensenya el paraiso en el que nos encontramos. Unos papagayos custodian la entrada a nuestra casa. Montañas llenas de una densa vegetacion, de un verde intenso donde conviven miles de especies  de animales y plantas diferentes.

Lacanja es un pueblo que vive disperso. No son mas de 220 habitantes repartidos en un terreno muy extenso de la selva Lancadona.

Lo primero que hacemos al despertarnos es buscar otro sitio mas acogedor donde pasar nuestros dias aqui. Encontramos un lugar perfecto: una cabaña a orillas de un rio, con una pequeña terraza y en un campamento llamado Yaj’che  (arbol verde}.

Campamento

Niña Lacandona

Los dias en Lacanja nos dieron el punto de aventura y de union a la naturaleza que ibamos necesitando. El dia comenzaba con una sesion de yoga impartida por nuestra gran maestra Maitexu, que nos dejaba el cuerpo y la mente preparada para un buen desayuno y una jornada de “trekking” por la selva. Maite tambien tuvo que hacer de peluquera alguna tarde porque las pelucas de sus companyeros de viaje empezaban a estar desfasadas.

"Yoga Time"

Las noches eran sin duda uno de los momentos mas relajantes en nuestra estancia aqui. La hoguera al aire libre nos servia, al principio, para prepararnos las mejores cenas que recordabamos, que aunque solian ser muy sencillas basadas en huevos revueltos con tomate, cebolla, frijoles, y algunos filetes, la lumbre le daba un sabor exquisito. Despues, ese fuego nos daba el calor necesario para pasar horas y horas charlando a su vera, observando en nuestras caras el reflejo de su luz parpadeante. Eran momentos magicos.

Mujeres Lacandonas

Uno de los dias estuvimos de ruta por la selva en busca de una cascada. Era un camino bien conservado y con alguna indicacion que te mostraba el sentido a seguir. Nunca habia caminado por la jungla y resulta curioso lo facil que puede ser perderse. Absolutamente todo es igual, ydespistarse un poco puede llevarte a la desorientacion.

Caminando en la selva

Colores

Al llegar a la cascada nos encontramos a don Miguel, un lacandon nativo de unos 50 años, que hace a su vez las labores de guarda forestal  por llamarlo de algun modo, y la de cobrarte por pasar y usar un camino que ellos conservan. El lugar es impresionante y la ausencia total de gente lo hace aun mas especial. A partir de este punto, teoricamente no se puede seguir sin guia. En un principio no comprendiamos el porque, pero la presencia de unas pequeñas ruinas mayas en la zona y el evitar la expoliacion de las mismas, era la razon principal.

Maite disfrutando de la cascada

Malamente

Don Miguel

No tardamos en convencer a don Miguel a cambio de un modico precio, para que se ausentase de su puesto de trabajo y nos sirviera de guia. Aunque las ruinas son pequeñas y estan aun por desenterrar,  la ruta por la selva al ritmo de este indigena y sus formas de expresarse con muchos gestos, hicieron de esta una excursion muy divertida.

"Grande " Don Miguel

Eschusha!!!!! Ustede d¨onde zoi??? De mangah verde -portada arta o la parmilla???

Pequeñas Ruinas en medio de la selva

Otro de los dias estuvimos en Bonampak, unas ruinas mayas muy famosas por lo bien conservadas de sus pinturas, aunque lo que mas nos gusto fueron las vistas y que estabamos solos.

En algun lugar de la jungla

                                                         Carlos

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One response to “Lacanja. Ruinas en la jungla

  • ramon

    Que crack eres. Sigue así figura. No cambies nunca y no dejes de escribirnos para saber como te están yendo las cosas. Estás en tu habitat y se nota que te lo estás pasando genial, el león enjaulado ha vuelto a la selva jajajajja. Cuidate harry. un abrazo

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